Cómo hacer que a tu hijo le guste aprender

jugar en inglés

Los niños poseen la capacidad de responder al entusiasmo y a la manera en la que nos dirigimos a ellos. Por eso, si cuidamos la forma en la que les presentamos aquello que queremos que aprendan, podemos fomentar su curiosidad innata y conseguir que disfruten instruyéndose.
Para que las experiencias de aprendizaje resulten enriquecedoras y positivas
recomendamos:

1. Presentarles la materia de una manera sencilla, e ir
comprobando que nos están entendiendo antes de presentarles contenidos más
elaborados o complejos.

2. Hacer que la experiencia de aprender sea lo más divertida posible.

Cada niño asimila la información de una manera diferente: a través del tacto (aprendizaje táctil), del movimiento (aprendizaje kinestésico), de las imágenes, o de los sonidos y palabras que escuchan. Intentar presentar la materia de aprendizaje cubriendo todas estas vías nos ayuda a huir de la monotonía de las tradicionales fichas de clase e incorporar variedad y nuevos elementos con los que llegar al máximo número de niños posible. Además, utilizar diferentes métodos y herramientas ayudará a que la información les resulte más atractiva. Por ejemplo, unas veces puedes ser tú el narrador de una historia; otras, recurrir a alguna grabación o vídeo; plantear un juego; hacer una representación; ayudarles a realizar un trabajo; enseñarles una presentación de PowerPoint o proporcionarles libros y materiales adecuados.

3. También es importante permitir que los niños aprendan experimentando, aunque esto implique un poco de desorden. ¡Es importante saltarse las reglas de vez en cuando y permitirles improvisar! Un juego muy eficaz y que a los niños les gusta mucho es utilizar espuma de afeitar o nata para escribir palabras nuevas. Resulta muy divertido y además puede ser una buena oportunidad para que practiquen recoger lo que han desordenado.

4. Por último, eliminar del ambiente los elementos distractores. Esto ayudará
a los niños a aprovechar al máximo el tiempo que necesitan, teniendo en
cuenta que cada niño tiene un ritmo de aprendizaje distinto que debemos respetar, y
que no debemos forzar para no disminuir su deseo natural de aprender.

Todos los niños tienen la capacidad de aprender, y podemos fomentar y
mantener esa capacidad innata de una manera natural para que
disfruten con ello y sean buenos estudiantes. Eso sí: en caso de que nos
encontramos con que un niño no quiere aprender, debemos contemplar otras causas
fisiológicas, motivacionales y/o personales.

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